
Entró de frente aunque con la espalda un tanto ladeada, afirmándose del umbral respiró hondo y fue abriendo los ojos. Sí, se sentía realmente mal, como el pico, las piernas le dolían de tanto frío y el reuma seguramente. Pero estuvo bien haberse tomado esas cañitas antes de volver a acostarse, por lo menos así dormiría profundo, que si no hay vino, el sueño se le va y lo transforma en un furioso viejo de mierda, al que nadie soporta pareciera, así siente ahora, que a nadie le importa.
Comienza a caminar lento primero, pero luego con la seguridad de saberse en casa, con sus cachureos, los papeles, las revistas con esas mujeres tan lindas, las que él veía cuando era joven, con sus tacones altos y sus cabelleras bien peinadas, las que le sonreían cuando cruzaba a la farmacia a comprar su gillette. Ahora no, hace tanto que no se afeita, que no se mira a un espejo, que nadie le acaricia la garganta.
Recoge pedazos de carbón apilados a unos diez pasos de un colchón raído, los lleva a su braserito como le llama. Una vez, dos veces toma con las manos la masa morena y la revuelve entre las cenizas. Saca de debajo de sus zapatos unas hojas mojadas de diario, intenta encenderlas con un fósforo de pólvora demasiado húmeda, cae pólvora de un lado, pero el otro enciende. Levanta las hojas sobre su cabeza y las ve arder rápido, muy rápido; cuando rozan sus manos, ríe y las arroja al brasero. Se sienta riendo en su cama, se echa de espaldas y mira el cielo, la madera de su cielo siempre le ha gustado, las callosidades, los nudos, el olor después de la lluvia, las curvas que se transforman en la columna de una mujer hermosa, de muchas mujeres, todas ellas acompañándolo. Ya se siente mejor, retrocede a los brazos de Elenita y se duerme.
Los vecinos salen desesperados, en camisa, batas, descalzos, los hombres intentan subir al segundo piso, pero nadie se atreve, los gritos, los niños queriendo mirar pero no los dejan. A llamar a la bomba, los dueños salen, una guagua en la pieza, a sacarla, corran, no tú no, tú saca la tele, los colchones… salieron todos? –sí -y el viejo? -debe andar tomando ese weón - pero mañana va a la feria - debe andar en la calle todavía - no loco, sí estaba -no creo, loco...
Así lo encontraron, intacta su imagen de sueño tranquilo, los brazos cruzados sobre la frente, inmóvil, oscuro… nadie quiso tocarlo




