martes 28 de agosto de 2007

El Lata


Entró de frente aunque con la espalda un tanto ladeada, afirmándose del umbral respiró hondo y fue abriendo los ojos. Sí, se sentía realmente mal, como el pico, las piernas le dolían de tanto frío y el reuma seguramente. Pero estuvo bien haberse tomado esas cañitas antes de volver a acostarse, por lo menos así dormiría profundo, que si no hay vino, el sueño se le va y lo transforma en un furioso viejo de mierda, al que nadie soporta pareciera, así siente ahora, que a nadie le importa.
Comienza a caminar lento primero, pero luego con la seguridad de saberse en casa, con sus cachureos, los papeles, las revistas con esas mujeres tan lindas, las que él veía cuando era joven, con sus tacones altos y sus cabelleras bien peinadas, las que le sonreían cuando cruzaba a la farmacia a comprar su gillette. Ahora no, hace tanto que no se afeita, que no se mira a un espejo, que nadie le acaricia la garganta.
Recoge pedazos de carbón apilados a unos diez pasos de un colchón raído, los lleva a su braserito como le llama. Una vez, dos veces toma con las manos la masa morena y la revuelve entre las cenizas. Saca de debajo de sus zapatos unas hojas mojadas de diario, intenta encenderlas con un fósforo de pólvora demasiado húmeda, cae pólvora de un lado, pero el otro enciende. Levanta las hojas sobre su cabeza y las ve arder rápido, muy rápido; cuando rozan sus manos, ríe y las arroja al brasero. Se sienta riendo en su cama, se echa de espaldas y mira el cielo, la madera de su cielo siempre le ha gustado, las callosidades, los nudos, el olor después de la lluvia, las curvas que se transforman en la columna de una mujer hermosa, de muchas mujeres, todas ellas acompañándolo. Ya se siente mejor, retrocede a los brazos de Elenita y se duerme.

Los vecinos salen desesperados, en camisa, batas, descalzos, los hombres intentan subir al segundo piso, pero nadie se atreve, los gritos, los niños queriendo mirar pero no los dejan. A llamar a la bomba, los dueños salen, una guagua en la pieza, a sacarla, corran, no tú no, tú saca la tele, los colchones… salieron todos? –sí -y el viejo? -debe andar tomando ese weón - pero mañana va a la feria - debe andar en la calle todavía - no loco, sí estaba -no creo, loco...

Así lo encontraron, intacta su imagen de sueño tranquilo, los brazos cruzados sobre la frente, inmóvil, oscuro… nadie quiso tocarlo

Un esclavo serio y responsable


Hacía ya quince años que estaba en ese puestucho grotesco. Nunca supo muy bien cuál era su rol en esa empresa de abogados rubicundos, chinos o de narices infladas y ganchudas, pues se encargaba –en la práctica- de los más irrisorios trámites: pedir hora en la clínica alemana para uno de los hijitos; reservar alguna mesa en un restorán lujoso y conocido si se iba con la esposa, o bien, en uno más alejado de Santiago, pero igualmente lujoso; pagar los impuestos, asear las oficinas, llamar al contador, pedir permisos a la secretaria, abrir el portón de hierro del estacionamiento privado, y todo eso repetido por largos 15 años.
Recuerda haber entrado muy joven, a los 25 para ser preciso y ahora, cuando ya ha franqueado la mítica y estacionaria muralla de los 40, siente que tiene más ganas que antes de mandar todo a la mierda. De pescar todas sus cosas y mandarse a cambiar no sin antes, claro, sacarle la mugre a trompadas a alguno de los idiotas de ese trabajo. Irse no sabe dónde, sin despedirse ni de la madre ni de los hijos y menos de esa esposa que sólo se pone contenta, cuando él le pasa ese dinerito extra que gana como relojero.
Ése sí es un trabajo bonito, hay apuro por hacer las reparaciones y él sabe la ubicación de cada una de esas minúsculas piezas que hacen de ese engranaje una joya perfecta. Devuelve a la vida los relojes que anunciarán tu muerte, tu fin y el de todas las cosas. Sabe que ese misterioso objeto contiene la magia de la creación, contiene la caída de la noche y la memoria de los abuelos… el tiempo de esta especie y de las otras.
Se rió al entrar en la oficina del hombre más grande de la firma, el señor Matías Crápula Sovignon, hombre de unos 50 años pero ya sumido irreparablemente en el sillón de rey. Le lanzó una sonrisa entusiasta como todos los días, se acercó delicadamente a la mesa de su jefe… ahí estaba su maquinita de entretención, ese computador pequeñito pantalla plana, sólo faltaba que lo trajera en el bolsillo para entrar al baño, el mismo desde donde ordenaba su torre de cristal y a todos los muñequitos que en ella le sirven. Se acercó un poco más, tomó -sin arruinar la sonrisa de entusiasmo que traía desde el comienzo- el pequeño aparato de su jefe y lo lanzó por la ventana… no pensó en las consecuencias, pues siglos de sangre se le vinieron a la cabeza mezclados con la magia de la venganza alegre, de ese insignificante salto por todos los demás…

miércoles 15 de agosto de 2007

YO NO ERA


Primero comenzaron las voces, los sueños difíciles. Unas sombras alargadas y escurridizas aparecían en mi camino y parecían burlarme, huir o, de pronto, perseguir obsesionadas este miedo rebelde.
Los días se transformaron en situaciones insoportables, pero aún así prefería mantenerme despierta todo el tiempo. Los sueños eran aún peores que la lucidez demostrada por mi conciencia. Allí aparecían cuerpos mutilados por mis antepasados colonos, la bestialidad de mi propia sangre, el fragor de la embestida civilizadora y extenuante.
Había estado leyendo mucho sobre la tradición oral de los pueblos, cómo se conservó –pese a la barbarie- el sentido esencial de las culturas a través de la memoria, sobre el compromiso machacante de los abuelos de otras tierras. Y es así como me advertí distinta, nunca había conocido a mis padres, nadie me dijo de dónde venía y lo único que me daba ciertas certezas, era saber que tenía mis propios recuerdos, claro, como de los 3 o 4 años, no antes, no desde el principio.
Mi relación con el entorno había sido tranquila, tenía padres adoptivos austeros y obcecados con hacer de mí una muchacha religiosa, obediente, radiante. Sin embargo, mi pensamiento estaba encerrado en un círculo de preguntas, de dudas, de pequeñas e insensatas suposiciones: me volvería loca?, serían mis padres biológicos unos asesinos o sicópatas?, me habrían abandonado de la peor de las formas o es que ellos eran demonios, rufianes venidos del averno tantas veces mencionado en mis clases particulares de la biblia. Si algo de todo esto era cierto, significaba que yo era uno de ellos, sangre contaminada por el calor de los infiernos, desdichada mensajera del mal, ninfa expulsada del edén por espíritus envidiosos e insolentes hacia el poder de Dios, de Dios Todopoderoso, único capaz de encauzar mis desasosegados pensamientos.
Un día cualquiera me sentí grande y no sólo porque no me daban deseos de jugar con las amiguitas que mamá llevaba a mi cuarto o por acostarme con la luz apagada para no mirar mi piel, eso era más bien capricho como decía mi padre cada vez que terminábamos la sagrada oración del alba. Me sentía grande para salir corriendo de allí y dejar todos esos monstruos atrás, regalarles mi casa, esos dos padres bonachones, las amigas rubias tan distintas a esta piel quemada no sé por qué sol, por qué piedras endurecidos los talones. Ardía en la tentación implacable de la carne, correr salvaje con esas otras voces rodeándome, ladridos de perros que dormían conmigo en las noches más frías pero más alegres.
Me fui corriendo a mi dormitorio, me arrodillé ante tu imagen y dejé que el sueño y ese escalofrío conocido, remarán mar adentro en mis entrañas hasta acostumbrarme, porque ahí estás tú, señor.

lunes 6 de agosto de 2007

LA BOCA


comenzar de modo frágil delicado
sólo abrir poco a poco la boca
sentirse confiado pero con los ojos abiertos
la boca como una invitación repleta de laberintos
escondida tras los labios
detrás de los besos en una fotografía
mordiscos el grito

por sobre todo
es la boca
la garganta las amígdalas los dientes…
transformados en gorgojeo o en canto de búhos
sollozo primitivo que se ahoga de sexo…
pene
vagina
ambos
los colores aroma movimiento jugos

en este vértice alguien posee y me gusta…

la razón se incrusta y yace
abandonada en la lengua
la lengua sorbiendo la sensación angustiosa de la sangre
hinchadas todas las válvulas y los interiores
exPLotan…

la entrega el pulso encabritado
desaparece el cielo sobre los oídos y el aire se llena de imágenes
tanto caos
colmado de temblores el vacío

perdido el cuerpo en la boca subterránea




martes 15 de mayo de 2007

MUERTE REAL



resolví
llenar esta covacha de libélulas encarnadas
de sonrientes polillas de medianoche
decidí cubrirme con el polvo de aquellos gastados tomos
de clásicos europeos
con los nocturnos de Chopin
con la risa macabra de Borges
los 100 de energía me ayudan a desbordar astronautas lunares
marcianos anteriores a Cristo
puedo someter hasta el estigma de la soledad
estoy acompañado por infinidad de puntos luminosos
de auras encendidas de burbujas crujientes
invoco cráteres erupcionando bosques cubiertos de simios de poto colorado
ninfas medievales campos de girasoles en flor
Inhalo las frases rituales que abren cualquier compuerta
pasto desnudo por millares de tiempos y estrofas
cabalgo impotente hacia poblados arrasados por guerras civiles
cartas de despedida muertos que sí nos dejan
titila el astro sobre mi cráneo agazapado resbalando el juicio
¡qué bruto!
las calles son carrera desenfrenada
cien mil balazos al aire
la oscuridad se hace dueña de los pasajes de los campamentos
nadie entiende nada
nos giramos en los talones y caen acompasadas las esquirlas de ampolleta en reventón
no seguiré escarbando en toda esta noche
moriré con el cuello quebrado
con las tetas colisas teñidas de sangre
con la voz aplastada...

VAIVÉN



robar con mórbida violencia fuerza presteza el alma a ese cuerpo ya de suyo hinchado de sensaciones intensas verlo agitarse y agitar que una corriente eléctrica desafiante lo atraviese por los poros hasta el ombligo por dentro hasta la médula de la garganta y se estire por los sobacos impulsando insistente hacia arriba allá lejos para luego dejarse caer enloquecido no hay detrás ni grandes sueños ni especiales ansias ni gozo del amor ni espera de la compañía ni sangre ni razón sólo el paso de unos dedos graves grises fríos ardillas busconas secreta convicción de la carne por la vida… jugando con la muerte… arriesgados por el encuentro…
afuera el día ilustra los cerros las mediaguas los perros las sombras se disipan y el aullido descontrolado de las fieras tristes apuesta a permanecer el reflejo de esas caras da paso a los simples rostros trasnochados medio borrachos angustiados desestimados envejecidos por la luna y el silencio
más allá ha que suenan las campanas sacrosantos ha que llegan los fieles embobados por la sombra del señor que no duerme que escucha todo lo que se dice piensa presiente las manos húmedas las respiraciones agitadas el color de la ropa interior por las calles los niños bailando las mismas danzas sin cansancio de los niños que no andan por las calles silbando riendo las ojeras más ciertas y la piel más seca como niños que vagan lejos por las calles cuando suenan las campanas sacrosantas del poder que no los llama cantidad de colores de trajes con credenciales en las solapas cantidad de nombres en ayuno enfermos o sencillamente dispersos segregados de su área de interés o afición enviados de hocico al infierno de no queda otra estamos asfixiados impotentes
la prestada vida se cuela por los orificios que en sí misma deja

martes 12 de diciembre de 2006

VEO TU CUERPO CAER Y NO CAER...


Veo tu cuerpo debatirse entre dos olas posesivas y furiosas
Y aunque sabe que no hay historia que sostenga dos vaivenes con distinto destino
mantiene el juego que distrae los momentos
hasta que las olas revientan en desasosiego
transformándose en arena de matices diversos
arena movediza para un cuerpo demasiado entusiasta y desarmado

Mejor que camines rápido dando la espalda
mejor que enfoques la mirada en un horizonte que se yerga distinto
solícito sorpresivo tuyo…

El montaje efímero del oleaje se disuelve eterno tras tus pasos
pero ya no toca tus plantas
ya no baila en tu regazo
no silba en tus oídos claros
Ahora su movimiento esgrime otros cuerpos
nuevos y extraños viajeros que pronto cabalgarán sus propias dudas

Así irremediablemente
tal cual
el castañetear de mis dientes…